Mientras el Ayuntamiento de Tánger guarda un silencio total, emergen informes inquietantes sobre el vertido diario de lixiviado tóxico —un líquido altamente contaminante procedente de la descomposición de residuos— directamente al mar.
Cada camión cisterna vacía aproximadamente 25,000 litros de este líquido en la estación de bombeo de aguas residuales en la zona de Mergala. Se calcula que unos 200,000 litros diarios acaban en el mar sin ningún tipo de tratamiento.
Aunque se prometió una moderna planta de tratamiento en “Sekkadla”, esta sigue sin construirse. Las sospechas recaen sobre las empresas “Amendis” y “Arma”, responsables de la gestión de residuos y alcantarillado, quienes no contarían con los medios técnicos ni humanos para tratar este líquido mortal.
La ciudad enfrenta una amenaza ecológica seria si no se actúa de inmediato.

