El bachillerato es una etapa crucial que conlleva un alto nivel de estrés para estudiantes y familias. Sin embargo, en lugar de recibir un apoyo colectivo, el entorno digital se llena de burlas y contenidos triviales, reduciendo el valor de los exámenes a meras bromas virales.
Videos de burlas sobre las preguntas, directos desde los centros y análisis banales se apoderan de la conversación, dejando en segundo plano el esfuerzo auténtico de miles de estudiantes.
¿Quién influye más en este momento clave: el estudiante dedicado o el «influencer» superficial? La respuesta interpela a la familia, la escuela y los medios.
El examen no evalúa solo conocimientos, sino también valores. Es tiempo de elegir entre el compromiso o el circo digital.

