Desde hace unos cinco años, las autoridades marroquíes comenzaron a otorgar licencias a empresas para fabricar maassel, el tabaco aromatizado utilizado en el narguile, con el objetivo de organizar el mercado y fomentar la industria nacional.
Estas licencias buscaban ofrecer productos locales de calidad que cumplieran con las normativas sanitarias, reduciendo así la dependencia de las importaciones.
Sin embargo, hoy se vive una contradicción notoria: el maassel se vende libremente en tiendas junto a los cigarrillos y productos cotidianos, las pipas de agua se encuentran en bazares y tiendas de recuerdos, pero las autoridades continúan realizando redadas en cafés, deteniendo a los fumadores y confiscando el material.
¿Por qué legalizar la producción y criminalizar el consumo? Esta dualidad alimenta una sensación de inseguridad jurídica.
El ciudadano queda atrapado entre la legalidad de la oferta y la ilegalidad del uso. Es momento de aclarar el marco legal: o se prohíbe totalmente, o se regula con claridad.

