Cada verano, las playas de Casablanca se llenan de vida con miles de residentes que buscan alivio del calor. Sin embargo, para muchas personas, especialmente aquellas en situación de discapacidad, el acceso al mar sigue siendo un privilegio negado.
A pesar de que Marruecos ha ratificado la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, las playas de la ciudad carecen de infraestructura inclusiva: no hay rampas adecuadas, ni baños accesibles, ni espacios seguros para el baño.
En playas como Aïn Diab o Lalla Meryem, la inaccesibilidad es la norma. Muchos usuarios en silla de ruedas no pueden llegar ni siquiera a la arena sin ayuda. “Es frustrante tener que depender de otros para algo tan básico como tocar el agua”, comenta Karim, activista de derechos.
Año tras año, las autoridades anuncian mejoras, pero la realidad no cambia. Para las asociaciones, esto refleja una falta de voluntad política real de garantizar los derechos de todos los ciudadanos, sin excepción.
Organizaciones de la sociedad civil insisten en que la accesibilidad no puede seguir siendo opcional. Es hora de invertir en inclusión efectiva, con playas diseñadas para todos, sin importar sus capacidades físicas.

