En una era donde la influencia se mide en “likes” y “views”, los contenidos impactantes y perturbadores dominan las redes sociales, incluso si eso implica vulnerar la dignidad propia o ajena.
En Marruecos, las redes fueron en su día una ventana de libertad y expresión alternativa. Hoy, muchas se han convertido en escenarios donde algunos influencers compiten a base de escándalo y provocación.
A través de desnudos simbólicos, escenas simuladas de autolesión o mensajes ambiguos que pueden incitar al suicidio, ciertos creadores de contenido exponen a audiencias vulnerables a riesgos reales.
Un caso reciente generó debate: una influencer marroquí fue grabada llorando en un avión tras alegar haber sido agredida en Turquía. Su vídeo se hizo viral, generando tanto empatía como acusaciones de manipulación.
¿Hasta dónde llegaremos por una cuota de atención? ¿Y a qué precio?

