En una reacción ya habitual, Argelia volvió a manifestar su «pesar» por la decisión soberana del Reino Unido de apoyar el plan de autonomía propuesto por Marruecos en 2007 como una solución «seria y creíble» al conflicto del Sáhara Occidental.
Este tipo de respuesta se ha vuelto sistemática cada vez que Marruecos logra un avance diplomático, revelando la contradicción entre el discurso argelino de neutralidad y su compromiso directo con el conflicto.
Argelia acoge a los líderes del Frente Polisario, los financia y los representa activamente en foros internacionales. Aunque las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU destacan su rol, Argelia insiste en participar únicamente como «observador», contradiciendo así su supuesto desinterés.
La doble vara de medir también es evidente. Cuando Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020, Argelia guardó silencio. En cambio, rompió relaciones diplomáticas con países europeos como España y Alemania por posturas similares, aunque menos trascendentes.
Esta actitud revela que Argelia no reacciona por el fondo de las posiciones, sino por quién las emite, protestando solo cuando cree poder influir o presionar.
Mientras tanto, Marruecos sigue consolidando su posición a través de la diplomacia y con cada vez más países reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara, conforme a los marcos de la ONU.

